Fermi, Drake y otras OPINIONES – Mi bilis es tu bilis #2

Twitter, la barra de bar virtual.Redes sociales opinar

Todo el mundo opina, todo el mundo. Las redes sociales están plagadas de gente que teclea en el aire, sin una base bibliográfica razonable que dé cuerpo a sus bravuconerías pseudointelectuales. La verdad es que es un problema, conseguimos que se intoxiquen debates centrales para nuestra sociedad, los derechos humanos, las injusticias, las tramas políticas o el funcionamiento de la economía.

Sin embargo, estos son temas que han sido más que tratados, yo quiero hablar del daño que hace esta valiente ignorancia (como suele decirse) a la ciencia. ¿Quién no ha opinado sobre el calentamiento global? Y quien dice esto dice sobre transgénicos, avances médicos que empujan al transhumanismo, el gasto en exploración espacial, etc.

Black FridayErudición exprés a mitad de precio.

En las redes sociales se ofrece un buen programa de erudición en dos sencillos pasos: primero, lea por encima la Wikipedia u otra fuente poco fiable; segundo escriba hasta que se le caigan los dedos.

Para personas realmente ocupadas se presenta un plan incluso más ventajoso. Básicamente consiste en saltarse el primer paso y lanzarse en plancha al segundo.

Se llama astrobiología y no es ciencia infusa.

Uno de los temas sobre de los que puedes pontificar sin haberte documentado nada de nada es la vida en otros planetas. Como suena a pseudociencia… pues será que no hay nada más allá de la ufología para tratar arrojar luz sobre esta cuestión. Pues resulta se puede hablar de una potencial civilización alienígena desde el conocimiento científico, pero ya lo aviso, para eso hay que leer. Se llama astrobiología y podréis encontrar en este mismo blog algunas entradas relacionadas con ella (Cita con un alien – El METI, y TOP 3: Mensajes a alienígenas)

Pero en este caso el problema no acaba aquí, como en tantos otros temas nutritivos para la imaginación, nos deleitamos confundiendo la ciencia con la ficción y tomando como afirmaciones impepinables lo que solo eran suposiciones científicamente coherentes.

Ficción científica de ciencia ficción.

En la calle, e incluso en la divulgación, parece que demasiada gente tiene clarísimo si hay o no hay algún compañero de universo para esta solitaria especie de simios de sofá. Me explico:

Algunos sostienen que es IMPOSIBLE que estemos solos en este vergel galáctico, llenándose la boca con la ecuación de Drake. Ese cálculo a las bravas que básicamente dice que: con tanta estrella suelta y con tantos planetas por estrella… malo será que no haya alguna otra civilización inteligente en otro punto de nuestra galaxia, o incluso varias.

Otros, para sostener dogmáticamente que el universo es mucho más estéril de lo que hemos imaginado, blanden como religión la paradoja de Fermi . Esa reflexión que se pregunta “Si hay tanta vida ahí fuera ¿Cómo no nos han mandado ya un mensaje?”. Se le han dado muchas posibles explicaciones. La hipótesis del zoológico, donde estamos siendo estudiados a distancia; la infinidad del cosmos, o incluso explicaciones más simplistas y cuestionables como que “no les interesamos”.  

Fantástico… al final resulta que no hace falta que te vaya la ufología para convertirte en un integrista de una afirmación anticientífica.

¡Que vienen a meternos sondas!

¿Y acaso hace falta hablar de aquellos que afirman características totalmente antropomórficas en nuestros supuestos compis de galaxia? “Vienen a dominarnos, es al ambición, el poder, no podemos fiarnos” Lo mejor que podemos hacer es ocultarnos muy mucho a ver si no nos ven.

¿Y a mí qué más me da?

Algunos me preguntarán que qué más me da a mí lo que piense la gente sobre algo con tan nulo impacto en nuestra sociedad, y por supuesto, tengo respuesta.

Radiotelescopio de Arecibo - Fotografía de JidoBG en Wikimedia Commons
Radiotelescopio de Arecibo – Fotografía de JidoBG en Wikimedia Commons

Este tipo de actitudes son las que lastran a los grandiosos proyectos de METI consistentes en enviar mensajes a nuestros posibles compañeros de universo. Este fallo de conceptos, esta confusión de posibilidad con certeza es lo que ha interrumpido nuestro envío de mensajes al cosmos. Así es como, según Alexander L.Zaitsev acabaremos autoimponiéndonos el aislamiento de nuestra especie. Porque tengo una noticia para aquellos que temen que nuestros mensajes al universo levanten la liebre para una malintencionada raza alienígena:

  • La radio, la televisión, internet… ya implican enviar señales que pueden relacionarse inconfundiblemente con la vida inteligente.
  • Tenemos que entender que es muy difícil que, mandando mensajes, una inteligencia extraterrestre llegue a encontrarnos gracias a ellos.
  • Se cree que la primera pista de nuestra existencia para una especie tecnológica extraterrestre sería una lectura de nuestra biofirma. Tal vez una espectroscopia detectando pigmentos fotosintéticos. Esta es una de las formas en las que nosotros rastreamos el cosmos en busca de exotierras.
  •  Una vez detectado esto podrían aumentar la precisión para encontrar esas señales de radio que emitimos sin querer y que indicarían que aquí existe vida con cierto nivel tecnológico, vida inteligente.

Es entonces, en el momento en que supieran que aquí hay vida y esa vida está relativamente evolucionada, cuando podrían permitirse buscar nuestros “mensajes en una botella”. Es por esto por lo que nuestros comunicados no dicen “¡Hola! Soy vida inteligente ¡Mírame!”. Lo que realmente estamos gritándole al espacio es:

“Hola, estos somos nosotros, los humanos. Somos curiosos por naturaleza y queremos entender lo que nos rodea. Encantados”.

Pues todavía me importa un poquito más.

Me veo obligado a volver a la paradoja de Fermi para decir que la solución podría ser mucho más sencilla, podría ser que, al otro lado de esta historia, nuestros compañeros galácticos tuvieran las mismas inseguridades. Que otras especies se estén preguntando si mensajear al cosmos o no y que todavía no se haya decidido porque “ya llamaremos nosotros”. 

¿Y si todo el mundo escucha, pero nadie está hablando?

A mi modo de entender, esta es la visión que hay que tener del SETI pasivo. No tiene sentido estar emitiendo si nosotros mismos no tenemos los arrestos para seguir mejorando nuestros mensajes al universo, nuestro METI. Esto es un “toma y daca, un término de teoría de juegos que implica que la mejor estrategia es empezar cooperando y después copiar al rival.

¿Pero merece la pena?

Y uno podrá decirme que no es una gran pérdida el tener que dejar aparcados los proyectos METI, que tampoco había demasiadas posibilidades de obtener respuesta, que era más difícil que ganar el Euromillones, están enfocando mal el problema. 

No hace falta asegurar una victoria, se trata de jugar la mejor de nuestras cartas con la esperanza de que funcione, y eso es lo que estábamos haciendo. No solo hay que pensar en el gasto, hay que valorar el retorno de un posible (aunque remoto) triunfo, y en este caso es un premio por el que merece la pena luchar. 

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