Bonobos, sexo y política americana.

Bonobos, sexo y política americana; es cierto que estando Trump parece lógico juntar todo esto en un artículo, pero la relación no es tan sencilla como parece. Érase una vez en américa, un descubrimiento científico que los intereses políticos malinterpretaron. Bueno, digamos que esta fue una de tantas otras veces.

¡Esto no es lo que parece!

Estamos a principios de Siglo XX, en Tervuren, un pintoresco pueblo en plena Bélgica. Ernst Schwarz estudia detenidamente un cráneo de chimpancé en el museo municipal cuando, de repente, sus ojos se abren como platos, ha encontrado algo. Tras consultarlo con la almohada decide compartir su visión con la ciencia, aquel cráneo no era de chimpancé joven (Pan troglodites), no podía serlo.

Chimpancé, que no bonobo,
Cráneo de un chimpancé.

Si bien sus proporciones sí lo remedaban no era el típico hueso en crecimiento, aquello tenía que ser algo distinto. Ya era 1928 y Ernst Schwarz había encontrado una nueva especie de homínido, el Bonobo (Pan paniscus). Vamos a ser sinceros, para un ojo no entrenado hay poca diferencia a simple vista entre un chimpancé y un bonobo; no a la ligera se les llama también chimpancés pigmeos. Como veremos más adelante la peculiaridad de esta especie está en su comportamiento, único en el reino animal, el mismo punto donde radica la polémica.

No mezcles churr… chimpancés con bonobos.

Es sabido por cualquier fan amateur de los grandes simios queChimpancé reflexivo los chimpancés son animales que viven en sociedades patriarcales regidas por comportamientos agresivos. Estamos hablando de ejecuciones, tramas políticas para destituir al macho alfa por la fuerza, infanticidio, violaciones, y un largo etcétera. No son precisamente unos angelitos, y aquí está la cosa.

Tal vez esperaríamos que esta nueva especie de Ernst Schwarz se comportara de un modo similar. A fin de cuentas, no es sólo que se parezca mucho a un chimpancé, es que se sabe que estas dos especies comparten el 99,4% de sucódigo genético y se separaron hace apenas un millón y medio de años. Si hemos pensado de este modo lo cierto es que estamos completamente equivocados.

Cladograma Bonobo
Cladograma de los homínidos

Si mañana nos calzáramos las botas de montaña y nos pertrecháramos con varias fiambreras de tortilla de patatas para explorar la selva de la República Democrática del Congo, nos encontraríamos con algo diametralmente opuesto. La primera gran diferencia que presentan las sociedades de bonobos es que son matriarcales. Son las hembras las que llevan la voz cantante y no hay discusión que valga. Pero la cosa no acaba aquí, donde los chimpancés combaten a muerte para resolver un conflicto, sus primos los bonobos los zanjan con lujuriosas bacanales. Sí, resuelven las discusiones con sexo, el sueño de cualquier pareja.

Clan de Bonobos

Pongamos un ejemplo. En un estudio comparando el comportamiento de ambas especies, Brian Hare, sometió a pequeños grupos a una prueba de colaboración donde debían coordinarse para tirar de una plataforma con el fin de obtener unas golosinas. El resultado fue el previsto, mientras que los chimpancés todavía estaban a la gresca los bonobos habían tenido tiempo de organizarse, coger el premio y echar un casquete de celebración.

Como dijo Richard Wragham :

“Podemos verlos como chimpancés con una triple vía hacia la paz. Han reducido el grado de violencia en las relaciones entre sexos, en las relaciones entre machos y en las relaciones entre comunidades”

Teniendo sexo como bonobos.

Y es que da la sensación de que el bonobo viven para el sexo. No es sólo que lo practiquen más que otros animales, es cómo lo hacen.

Se ha descrito a bonobos teniendo relaciones en un sinfín de posturas y como diría Robert Sapolskyalgunas incluso inconcebibles” como colgados boca abajo. A esto se le suma un comportamiento eminentemente bisexual: macho con hembra, hembra con hembra, macho con macho…

Bonobos, sexo
Junto con los humanos los bonobos son la otra única especie que elige practicar sexo cara a cara.

Son los únicos animales aparte de los humanos donde se han descrito besos con lengua y cópula cara a cara (dejando a un lado los mamíferos marinos y algún caso puntual en los gorilas) Si a esto le sumamos los tríos, grupos, froteurismo, sexo oral y tantas otras conductas frecuentes tal vez entendamos por qué los bonobos no parecen cansarse nunca del sexo. ¡Las combinaciones son casi infinitas! Desde luego tienen suertes de ser extrañamente inmunes al virus de la inmunodeficiencia en simios.

Es más, para intentar transmitir hasta que punto el bonobo parece usar el sexo como pegamento de sus relaciones sociales diré que se ha observado a bonobos, no sólo teniendo “sexo de reconciliación”, sino en toda una sarta de nuevos estilos “sexo porque no nos ha comido un depredador”, “sexo porque hemos encontrado comida”, “sexo porque me aburro” e incluso “sexo porque ese objeto no estaba antes por aquí”.

Incluso ha sido registrado como el encuentro de dos clanes rivales de bonobos, si bien comienza con cierta tensión, no desemboca en una sangría como ocurre con sus parientes. Usan su arma secreta no tan secreta y montan una orgía en menos que canta un gallo. Lo curioso es que si bien las hembras tienen relaciones con tanto machos como hembras del clan contrario, los machos (igual de abiertos cuando juegan en casa) no interaccionan en este caso con los varones del otro grupo.

Homosexualidad, más natural imposible.

Observaciones tanto en la naturaleza como en cautividad revelan que estos libidinosos parientes tienen la mayor proporción de relaciones homosexuales de todas las especies que han sido estudiadas. De hecho, del total de relaciones sexuales practicadas por estos, un 60% corresponden a sexo entre hembras. Estamos hablando de que una hembra buscará tener contacto sexual con otra hembra una vez cada dos horas de media (y digo yo que algo pararán para dormir). También es verdad que estos encuentros entre hembras duran apenas 20 segundos y consisten en el llamado “frotamiento genial” con lo que una vez cada dos horas acaba siendo unos 4 minutos al día.

Otra peculiaridad entre las hembras de la especie es el clítoris, parece que ha existido cierta presión evolutiva para conseguir alargarlo con el paso de las generaciones. Y es que llegan a triplicar el tamaño del de nuestra especie. Sería muy divertido dar por hecho que los bonobos son tan casquivanos por puro vicio, pero los datos recogidos parecen decir otra cosa.

No es un secreto que muchas especies utilizan el sexo como forma de crear lazos dentro de una sociedad. Las hembras de bonobo tienen una especial necesidad de crear estos vínculos ya que al llegar a la pubertad abandonan su clan y deben buscar uno nuevo. Estas hembras se encuentran de repente en una sociedad en la que no conocen a nadie y donde las féminas tienen el poder. Así pues, se ponen manos a la obra y empiezan a emplearse a fondo con las jefas con la intención de labrarse un hueco en su nuevo hogar… hay que ver, parece la historia de un proyecto de actriz en Los Ángeles.

El sueño americano y la pesadilla del bonobo.

Bonobo
Un bonobo cualquiera planeando como destruir el sistema capitalista americano.

Como es de esperar, la vida sexual de tan carismáticos personajes no tardó en llegar a oídos de la sociedad. Y no hay que hilar muy fino para imaginarse la reacción de los grupos religiosos; no sólo tenían que entender que el hombre venía del mono, sino que ahora uno de nuestros dos parientes más cercanos habría dejado sonrojada a media Sodoma. Homófobos, ultra religiosos, conservadores y toda clase de sinónimos ideológicos empezaron a indignarse… bueno, a indignarse más de lo acostumbrado “Malditos y eróticos bonobos”.

¿Cómo podía la ciencia decir tal cosa? Y lo más importante ¿Qué pretendían los científicos con todo aquello? ¿Convencernos de que la “abominación” era normal? El conservador Dinesh D’Souza llegó a acusar a los liberales de haber convertido al bonobo en su mascota en un intento de hacer ver como naturales las “desviaciones” del liberalismo. Y es que una frase relativamente extendida durante este episodio de confusión fue “Los Demócratas descienden de los bonobos y los Republicanos de los chimpancés”.

Magufismo bonobo.

El bonobo se había convertido en un símbolo, fue incluso llamado popularmente “el mono del amor” y “el mono de la orilla izquierda“. Y bueno, si por un lado los conservadores renegaban de tal monstruosidad, por el otro, aunque de un modo mucho más benigno, también se calló en lo absurdo. Un ejemplo es la sexóloga Susan Block, terapeuta estadounidense que escribió el libro “La manera del bonobo de obtener la paz a través del placer” hedonismo de toda la vida, vamos. Lo peor es que llevó a la práctica este manifiesto pseudocientífico concertando bacanales entre sus pacientes como parte de la terapia y produciendo DVDs de autoayuda para ser más “bonobo” (Sí, DVD. La tontería le duró de 1994 a 2014)

Pero… ¿Por qué?

Ahora es cuando llega la gran pregunta, esa que la ciencia siempre debe hacer ¿Por qué? Lo cierto es que no se tiene del todo claro, pero existen varias hipótesis que no son necesariamente excluyentes.

Hasta que el río nos separe.

Río Congo Bonobos
Río Congo separando a los chimpancés al norte y a lo bonobos al sur.

En primer lugar, se sabe que el bonobo se separó del chimpancé cuando se formó el Río Congo. Este atravesaba su territorio principal y dejó aisladas a dos poblaciones. Los situados al sur dieron lugar a los bonobos. En este borde del río el alimento era más abundante y se postula que la sociedad se volvió poco a poco menos competitiva. Supuestamente, al no haber motivos para luchar, aquellos individuos más pacíficos se integraban mejor en grupos sociales reproduciéndose más y potenciando esta característica.

Uno de los respaldos de esta propuesta son los rasgos neoténicos que muestra la especie. “Neotenia” significa que los especímenes en edad reproductiva conservan una cantidad variable de características típicamente infantiles. Estos cambios suelen verse acompañados por una personalidad más infantil, más “prepuberal” lo cual encaja con la constante excitación sexual y su obsesión por los spinners.

De hecho, el bonobo, siendo prácticamente del mismo tamaño que un chimpancé, tiene mucho menos volumen muscular que este. Otros rasgos juveniles son un tórax más estrecho y rasgos faciales más suaves. También les crece más el pelo de la cabeza, pero no queremos darles excusas a los conservadores para llamarles hippies.

Un buen cableado cerebral.

La segunda explicación viene de la mano de la neurociencia. Estudios de imagen han encontrado que los tractos neuronales que conectan la amígdala (relacionada con las conductas agresivas) y el córtex del cíngulo anterior (encargado de controlar impulsos) son más gruesos que en otros grandes simios. Presuntamente esto les permitiría poner freno a un potencial impulso agresivo.

El gen nada egoista.

La tercera hipótesis deriva de haber encontrado un componente genético presente en bonobos y no en chimpancés asociado a estimular el “comportamiento afiliativo” o cohesión de grupo, el cual parece tener más expresión en machos, explicando el cambio a una sociedad matriarcal.

La hormona que suena a terminal de aeropuerto.

Y finalmente, la cuarta. Parece ser que los niveles de la hormona tiroidea T3 en orina (la cual podría estar asociada con este comportamiento) comienzan a descender en humanos después de la pubertad. En el caso de los chimpancés también podemos ver una caída en los niveles de esta hormona cuando llegan a los 10 años de vida. En cambio, en los bonobos no se percibe ninguna reducción hasta los 20 años, el doble que en sus parientes.

Hemos llegado al final de la historia, una historia que, tal vez trata de bonobos, o quizás habla sobre lo que el ser humano podría haber sido. A fin de cuentas, todos estos estudios con grandes simios no dejan de ser una forma de buscar respuestas a nuestras propias preguntas. ¿Qué somos? ¿Somos más chimpancés o más bonobos? ¿Podemos elegir vivir como nuestros pacíficos y lujuriosos primos? ¿Cómo es eso de tener sexo colgado por los pies?

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